sábado, 1 de junio de 2019



                  DISCURSO SOBRE LA FELICIDAD

Como pudimos observar en la clase temática sobre la felicidad, el camino a la felicidad y al éxito puede que no sea fácil. Creo que parte del secreto está en estar orgullosos de nosotros mismos y confiar en nuestras posibilidades.

Hoy en día las redes sociales tratan de crear realidades y modelos de perfección que luego realmente no son así, no todo es tan perfecto como quieren hacer ver. Lo que quiero decir con esto, es que vivamos nuestra vida, porque si copiamos las de otros dejaremos de ser nosotros mismos.
Y lo que realmente es importante en este camino a la felicidad es el ser uno mismo y ser feliz con ello. Una vez que lo logremos y confiemos en nosotros mismos, nada podrá pararnos.

Tenemos un ejemplo en el protagonista de la película que vimos, no se da por vencido e intenta por todos los medios buscar una vida mejor para él y para su hijo. Es constante, perseverante y no se da por vencido.

A modo de conclusión, decir que gran parte de la felicidad está en ser uno mismo, aceptar quienes somos y estar felices con ello. La gente que nos quiere siempre estará ahí y los que no, como se suele decir, no se le puede caer bien a todo el mundo.
Así que, solo tenemos una vida, disfrutémosla y seamos felices.





Firmado: Manuel Álvarez Lozano

viernes, 31 de mayo de 2019

  ÚLTIMA CLASE DEL AÑO!!!



"ENCANTADA"


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Resultado de imagen de Encantada    Algunas imágenes de la película





Nunca me había parado a analizar la película como ya he dicho en mi blog personal, pero si es verdad que es una película que siempre me ha gustado y ahora que nos hemos puesto a comentarla y a reflexionar sobre ella he sacado bastantes cosas interesantes relacionado con los mitos románticos como por ejemplo la idea del amor verdadero. Giselle, en las primeras escenas canta sobre su beso de amor verdadero. 

Luego la idea formada por la sociedad y reflejada en muchas películas de Disney como el príncipe valiente y apuesto que salva a la princesa de caerse después de toparse con un troll y en ese justo momento ambos deciden casarse. Es todo como muy surrealista! 

Por otro lado está el destacado malvado  personaje de la madrastra que lanza su magia a través de un portal a un lugar donde no existe un "felices para siempre", a fin de mantener a su hijastro soltero y, por tanto, seguir siendo reina. Otros ejemplos los tenemos en Blancanieves o la Cenicienta.

Creo que es importante saber ver lo que ponemos a los niños y si ponemos ese contenido saber tratarlo con ellos después, ya que estas ideas que están presentes en un montón de películas infantiles y que yo ahora digo por favor! como podía ver yo esto o gustarme esto! 

También sirve para hablar de los dos mundos en los que está enmarcada la película, emundo animado y "feliz" llamado Andalasia, donde los animales son sus compañeros y en el que cae por culpa de la madastra, es decir, la realidad en el que se aventura a descubrir un nuevo mundo para ella, el real . 





jueves, 30 de mayo de 2019




Os dejo por aquí  una noticia que me ha gustado mucho y que tiene que ver con nuestro tema de la última sesión: la felicidad.

Estoy de acuerdo con el autor en que nos encontramos en un mundo de mucha información, ya que eso nos puede afectar tanto de forma positiva como negativa a nuestra felicidad. Pero es que las emociones juegan un papel fundamental en este tema de la felicidad y tenemos que saber controlarlas para sentirnos bien con nosotros y poder ser felices.

¿ Qué pensáis vosotros?

La felicidad, entre la razón y las emociones

La felicidad, entre la razón y las emociones


El autor advierte contra el 'emotivismo' y reivindica la necesidad de conducirse con racionalidad pero asumiendo lo que las emociones aportan a la experiencia.    


Todos queremos ser felices y ver felices a los demás. Eso, al menos, nos hemos deseado al comenzar un nuevo año. Y ojalá no se quede en mero deseo. A ello querría contribuir con esta breve reflexión. 
La felicidad radica, en buena medida, en que sepamos armonizar, en nuestro día a día, las emociones y las razones que entran en juego cuando pensamos, hablamos y actuamos; cuando vivimos. No es tarea fácil. Sobre todo porque el medio que nos envuelve no facilita las cosas; aunque quizá siempre haya sido así. El asalto sin precedentes a la intimidad personal que hoy representan los medios –internet, redes sociales: las omnipresentes pantallas, en suma- nos ha pillado indefensos. Quién más quién menos ha sido arrollado en su vorágine. Y esto está solo empezando.
El flujo de imágenes y estímulos emocionales que, a un clic, o incluso sin clic, nos vomita cualquier sitio de la red es inagotable. Casi imparable. Lo cual, mirado en frío, representa una fabulosa riqueza documental, de imágenes, de recursos multimedia. Ahora bien: ¿estamos preparados para hacernos cargo de ese volumen ingente de datos e imágenes sin que nos aplaste y nos deje sin capacidad de respuesta? Ya circulan por ahí términos específicos para nombrar trastornos ocasionados por la falta de una adecuada respuesta a estos medios: infoxicación (síndrome de fatiga informativa o intoxicación por exceso de información), nomofobia (miedo irracional a estar desconectado), cibermareo, el síndrome de perderse algo, y un sinfín de adicciones de varia especie.
El divorcio entre hechos y valores ha cristalizado en la distinción entre juicios de hecho y juicios de valor
Sucede que, desde hace ya mucho tiempo, siglos, una línea de pensamiento dominante viene conspirando por sistema contra esa facultad que llamamos razón. Para ese pensamiento hegemónico, el significado objetivo de la realidad se ha evaporado. Lo único que hay es pura facticidad desprovista de valor y de sentido. Hechos mostrencos a los que cada cual puede otorgar el significado que desee. Y esto, como se sabe, aplicado hasta a la propia biología y anatomía humanas. Se ha consumado un divorcio entre “hechos” y “valores” que ha cristalizado en la distinción positivista de “juicios de hecho” y “juicios de valor”, privando a los valores de su enraizamiento objetivo en la realidad.
Hoy solo se consideran válidos, en el debate público, los argumentos basados en la ciencia empírica, en lo experimentable: las ciencias naturales y sus aplicaciones prácticas. Y, en otro orden de cosas, lo emocional, que, a fin de cuentas, se resuelve en cuestiones de gustos, de preferencias subjetivas. “Emotivismo” lo ha llamado Alasdair MacIntyre en su Tras la virtud. Lo racional ha muerto.
Está en juego la capacidad humana de conocer el significado de las cosas más allá de su materialidad
Lo que está en juego en la cultura hoy dominante es nada menos que la capacidad humana de conocer la verdad, el significado de las cosas más allá de su pura materialidad, del placer o dolor que producen. Las élites intelectuales han perdido confianza en la razón como capacidad cognoscitiva. Han decretado que la pregunta por el sentido carece de sentido.
Quizá se deba a esto la elección de postverdad (post-truth) como palabra del año 2016 por el Oxford English Dictionary. Con ese neologismo el diccionario de Oxford quiere expresar que se “piensa” –es un decir– más con las vísceras y el instinto que con la razón o la lógica; que las emociones han sustituido a las razones.
Como ha escrito Joseph Ratzinger en diversas ocasiones, es preciso rehabilitar la razón. Hay que recordar a los que trabajan en las ciencias naturales que tanto sus investigaciones como sus aplicaciones prácticas están basadas en el hecho de que asumimos que el mundo tiene una racionalidad, unas leyes, que podemos descubrir y reproducir mediante nuestra razón. Una razón que, además, como escribía san Pablo en su Carta a los romanos, “es capaz de conocer con certeza que Dios existe a través de las cosas creadas”.
Es necesario Poner en práctica la actitud socrática de plantearnos “preguntas intemporales y universales”
Desde una tradición cultural muy diferente, el filósofo iraní Ramin Jahanbegloo viene reclamando, contra la sinrazón imperante, poner en práctica la actitud socrática de plantearnos “preguntas intemporales y universales”, actitud que sigue siendo hoy tan revolucionaria como en la época del sabio griego. Preguntas críticas que no se atreve a hacerse a sí misma la cultura actual, instalada muchas veces en una mediocridad políticamente correcta.
Pero el emotivismo no es más que una caricatura de las emociones. Uno de los retos que hoy día nos plantea el arte de bien vivir, de ser felices, es la integración lograda de las propias emociones. La emoción se enseñorea de la razón a troche y moche, reduciéndola a servidumbre. Eso reza el eslogan del último modelo de coche de una marca prestigiosa: “La inteligencia al servicio de las emociones”. El mismo discurso político destinado a persuadir ha renunciado a dar razones. Bastan y sobran las emociones.
Integrar las emociones y los sentimientos no significa suprimirlos, sino descubrir lo que éstos pueden aportar
Pero lejos de mí ni siquiera tratar de desacreditar las benditas emociones. Son consustanciales a nuestra vida. Es imposible vivir una vida sin emociones. Sin emoción es difícil embarcarse en aventuras de conocimiento o de solidaridad. “Solo se aprende de aquellos a quienes se ama”, decía Goethe. Integrar las emociones y los sentimientos no significa suprimirlos: se trata de descubrir todo lo que esos “compañeros de viaje” pueden aportar a la vida. Somos seres “polifónicos” de fábrica: nuestra existencia se empobrece si anulamos o ponemos en sordina alguna de aquellas potencias y facultades de que hemos sido dotados.
Todos necesitamos templar, equilibrar, el carácter. Tratar de que nuestras emociones respondan adecuadamente a los estímulos. Decía Aristóteles que “el que no se ruboriza del mal que hace es un miserable”; un sinvergüenza. Hay comportamientos, propios o ajenos, que, objetivamente, reclaman una determinada respuesta emocional, positiva o negativa, y no otra. Lo ideal será que nos guste lo que tenemos obligación de hacer, y que nos disguste lo que debemos evitar. Lograr, en suma, una adecuada aleación de razones y emociones. Un buen objetivo para el año que estamos estrenando.
***Manuel Casado Velarde es catedrático y miembro del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra.


Firmado por : Blanca Escobar